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Galería de arte, Valencia (España)


Otra visión del arte

Otra visión del arte
Candela Cort
Mayo 2005

Juan Manuel Bonet

"Otra visión del arte"

A SU AIRE

Rafia, terciopelo, arpillera, tul, organza, gasa, malla de metal, latón como el que recortaban los viejos escultores vanguardistas que le gustaban a Ramón Gómez de la Serna…Licra, estructuras de abanico, palillos de inevitables resonancias orientales, botones y cuentas, cartón, papel de plata, falso coral, perlas de mentirijilla, flores artificiales en abundancia, como objets trouvés, a veces monstruosos, por ejemplo una descomunal orquídea… Uno seguiría un buen rato, desgranando estas palabras y otras parecidas. Placer de la palabra, placer de este léxico especializado –en el fondo, de todo léxico especializado, cuando lo entrevé el profano-, placer de dejarse llevar por esas palabras en el aire, placer de esos materiales, placer de descubrir el modo en que, utilizados, de un modo tan nuevo, por Candela Cort, esos materiales, y también las palabras que los designan, se articulan en un todo armónico. “Apenas hay ángulos rectos en las piezas de Cort”, dice Patricia Molins en el texto que le ha dedicado. Es cierto. En el repertorio de formas que maneja Candela Cort, abundan las volutas, los círculos, las espirales, como abundan en cierta pintura y cierta escultura abstractas de los treinta, releídas en los cincuenta: dos épocas muy especiales y muy creativas –sobre todo la primera- del arte, y sin duda, en paralelo, dos épocas gloriosas de la moda, a las que vuelven los creadores de hoy. La conexión arte-moda. No desarrollar mucho este punto, inevitable, pero casi un tópico ya. Sobran explicaciones. Referirse tan sólo de pasada a algunos casos

históricos de trasvase, de diálogo fecundo, Casa Sonia en el Madrid ultraísta, la colaboración Elsa Schiaparelli-Dalí, los ilustradores y sobre todo los fotógrafos en Vogue, el mundo warholiano, el uso de materiales de bolsería –incluida esa maravillosa piel de pescado curtida que en francés se llama “galuchat”- por parte de un constructivista heterodoxo como César Domela… La moda en los museos, hoy: algo normal, como normalísimo es por lo demás que los haya específicamente dedicados a ella, como el que hoy en Madrid ocupa el lugar del antiguo MEAC, y que todos desearíamos ver crecer y desarrollarse con proyectos a la altura de las circunstancias. Licenciada en Bellas Artes, Facultad de Madrid. Fotógrafa en sus orígenes, y hoy fotógrafa –y también en cierto modo, cuando se tercia, escenógrafa- de sus propias creaciones, contempladas como productos, y también como proyecto. Presente en la programación de la tienda y galería barcelonesa Vinçon, en la del Círculo de Bellas Artes de Madrid, o en la de la sala de la Universidad de Valencia, Tocados del ala, 1995, cuando la llevaba Salvador Albiñana. Colaboradora en una ópera corvina de Philip Glass y Robert Wilson. Expositora, Cabezonadas, en 2001 con un Eduardo Arroyo también sombrerero, en Las Rozas Village. Presente, 1993, en

la colectiva madrileña de homenaje al dadaísta Arthur Cravan. Creadora cuyo trabajo ha sido glosado no sólo por una especialista en moda de la solvencia de María Vela Zanetti, que ha subrayado su entronque con las vanguardias históricas, imaginando una lista retro de sus clientas y haciendo figurar en ella a Madame Errázuriz, sino también por una historiadora y comisaria de exposiciones exigente como la antes mencionada Patricia Molins. Baste la lista precedente, no exhaustiva, para decir que la conexión del trabajo de Candela Cort, gran figura del planeta de la moda, con otros campos de la cultura, y muy especialmente con el de las artes plásticas, resulta más que evidente, algo reforzado por sus catálogos, con algo de libros siempre, y tan cuidados, con el sello tan especial de Leona. Antes de conocer personalmente a Candela Cort, desde hacía años me llamaban la atención, a distancia, sus cosas, y recortaba y archivaba las páginas que le dedicaban diarios y revistas. La catalogaba mentalmente como escultora, por aproximación –en mi archivo, lo confieso, no existe una sección específicamente dedicada a la moda-y diciéndome: esta elegante, inteligente y sutil creadora de sombreros modernos, tiene una concepción escultórica del espacio. Esa intuición se ha visto confirmada y reforzada por dos visitas a su estudio, no muy lejos de Barajas, en el verde Madrid soñado por su abuelo paterno, el arquitecto y urbanista César Cort. Un estudio abarrotado de libros y catálogos, tanto de arte como de moda, y al que nos hemos acercado hoy, algo más de un año después de nuestra primera visita, para contemplar en primicia una serie de collages que ahora se expondrán en Valencia, en la galería de Ana Serratosa. Modo de trabajar de Candela Cort, con mucho espacio, con mucho tiempo, muchas mesas amplias que le envidio, muchas chinchetas, muchos papelitos y muchas muestras por todas partes, siempre obra en marcha, siempre collage, siempre probar y añadir y quitar, sobre todo quitar, para despojar y dejar la situación reducida a sus mínimos elementos, siempre encontrándole posibilidades nuevas a materiales y objetos encontrados e inesperados y que luego van a resultar perfectamente compatibles con el resto de los elementos en presencia, siempre ese ritmo febril y por momentos frenético que Mª Vela Zanetti ha descrito muy bien en el segundo de los textos que le ha dedicado, para el catálogo de Las Rozas, siempre construyendo en el aire, en la luz de este Madrid verde suyo, frágiles estructuras con una gracia

especial, y que luego han de ser llevadas por una mujer en concreto, esa mujer a la que ella diagnostica a la primera mirada, adivinando qué tocado le conviene… Estos hermosos collages que ahora se verán en Valencia constituyen sin duda alguna la propuesta más próxima a lo pictórico realizada hasta la fecha por Candela Cort. En ellos, mujeres extraídas del arte clásico (Cranach, el delicado Clouet, Rubens y su maravillosa Hélène Fourment, el intemporal Vermeer) o del moderno (Manet el

fundador, el gris y evanescente y a veces veneciano Whistler, Picasso) y contemporáneo (Lichtenstein y una figura en la bañera que está en el Museo Thyssen), combinadas con algunos de los materiales, tan suyos, le sirven para tejer su propio discurso, construir sus sombreros, imaginarlos sobre tan prestigiosas perchas… Todo esto, sugerido con leves toques de sus materiales habituales; con enmarañados añadidos dibujísticos de cosecha propia; con papeles translúcidos que velan la

imagen original, haciendo que las figuras de Clouet, por ejemplo, funcionen como entre nieblas, como en sordina; o, en el colmo del less is more, con una simple hilera de perlas de bisutería, trazando una línea en el aire, sobre uno de esos rostros de sonrisa fugitiva, sobre una de esas cabezas por siempre fuera del tiempo… Necesidad de apoyarse en la tradición, necesidad de un background, de un paisaje, de una historia, necesitar de mirar hacia atrás, en el espejo retrovisor, para seguir avanzando. Por último, decir que la presentación en cajas de madera –ya había algún precedente en la exposición de Las Rozas- les da a tales recreaciones y homenajes, un indudable aire cornelliano, y hay que recordar al respecto algunas de las enseñanzas, sí, de Joseph Cornell, al que siempre terminamos volviendo. Recordar, la capacidad del norteamericano solitario para mezclar, en su arte, la alta y la baja cultura, los maestros de antaño –también él se fue a fijar en Vermeer- y las baratijas de las dime-stores –el equivalente a lo que hoy serían los “todo a un euro”- de Manhattan, esas baratijas que también encontramos, por cierto, aquí, en este laboratorio encantado de Candela Cort, capaz de sacarle partido, con humor juguetón, hasta a… palitos de helado, con los que construye tocados que tienen algo de cubistas. Todo esto que ahora se verá en Valencia, todo elegante, inteligente y sutil, como siempre en Candela Cort.

Juan Manuel Bonet