Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola

Español

Galería de arte, Valencia (España)


ARTRIUM UBS Genève

ARTRIUM UBS Genève
Jorge Arxé
Julio 2007

Fernando Castro Flórez

"ARTRIUM UBS Genève"

La arqueología (cibernética) de Jorge Arxé
(En el texto faltan letras)

El sentimiento de honda desilusi n1 que ha arraigado en el arte contempor neo no puede llevar nuestra imaginaci n hasta una sequ a
total o hacia esa proliferaci n de nader as , aut nticas gominolas estetizadas. Zizek ha se alado que entre los antagonismos que
caracterizan nuestra poca, tal vez le corresponda un sitio clave al antagonismo entre la abstracci n, que es cada vez m s determinante
en nuestras vidas, y la inundaci n de im genes pseudoconcretas. Si podemos entender la abstracci n como el progresivo
autodescubrimiento de las bases materiales del arte, en un proceso de singular despictorializaci n2, tambi n tendr amos que
comprender que en ese proceso se encuentra en n cleo duro de lo moderno.
Hay, no cabe duda, una fractura considerable entre el modernismo pico (ejemplificado en el caso de la pintura por el expresionismo
abstracto americano) y el gestualismo existencial nihilista (en el que podr an situarse algunos momentos del informalismo europeo)
y las nuevas formas de la abstracci n surgidas tras la desmaterializaci n conceptual, la datidad fenomenol gica del m nimal y, por
supuesto, la crisis de los Grandes Relatos acontecida en el seno de la condici n postmoderna. En vez de entregarnos a la repetici n
pat tica de lugares comunes como los de la muerte del arte o la desaparici n de la pintura habr a que afrontar tanto los desaf os
del despliegue t cnico cuanto la crisis del significado 3. Necesitamos nuevas herramientas te ricas y, sobre todo, una disposici n
mental no restrictiva o mostrenca para comprender que nuestra era pluralista permite generar nuevas obras de arte, de una intensidad
extrema que demandan una mirada activa. Sin duda, Jorge Arx ha sido capaz de afrontar este tiempo de crisis con una gran vitalidad
creativa, consciente de que las herramientas cibern ticas no son, en s mismas, la finalidad sino el cauce para facilitar la expresi n
de sus emociones.
En un texto reciente sobre Jorge Arx se al que su obra de los ltimos a os ha supuesto una singular variaci n con respecto a lo
que hab a sido su propuesta escult rica anterior en la se apreciaba la lectura atenta tanto del arte concreto cuanto de la ret rica
minimalista. No se trata, con todo, de una ruptura brusca o de un olvido de lo planteado en el mbito tridimensional sino de una
apuesta por un nuevo campo de investigaci n. Conviene tener presente que est artista ya hab a desarrollado, hace a os, procesos
de trabajo en video 4 y que no recurre a la imagen digital llevado por la moda sino como fruto de una evoluci n po tica personal.
Precisamente Arx ha se alado que si sus esculturas tienden hacia el lirismo po tico, en los trabajos digitales busca un impacto
visual m s org nico y pr ximo al movimiento en s mismo . Tanto en las esculturas como en las imponentes im genes de s ntesis,
Arx mantiene la preocupaci n por el equilibrio y la proporci n. Sus formas, de un color intenso, establecen ritmos, marcan melod as
que permiten retomar la tematizaci n que hace Deleuze del pliegue, esas series divergentes que trazan senderos siempre bifurcantes:
mundo de capturas m s que de clausuras. El modelo musical es el que mejor permite comprender el auge de la armon a en el barroco
y luego la disipaci n de la tonalidad en el Neobarroco: de la clausura arm nica a la abertura de una politonalidad 5. Esta polifon a
de polifon as propia de esta raz n barroca, transhist rica, no lleva a caer en la ilusi n ni intentar salir de ella, sino la tendencia a
realizar algo en la ilusi n misma, comunic ndole una presencia espiritual que vuelva a dar a sus piezas o fragmentos una unidad
colectiva. Cada m nada, al expresar el mundo entero, lo incluye en forma de una infinidad de peque as percepciones o respuestas
a est mulos, siendo finalmente la presencia del mundo un resultado del estar al acecho del sujeto o, mejor, de su inquietud. Y, en
verdad, hay algo tenso y, a la vez, placentero en las nuevas im genes de Jorge Arx , en ese juego de construcciones y deconstrucciones,
en esa materialidad enigm tica, plano y, sin embargo, capaz de llevarnos hacia una seducci n de lo volum trico.
En un juego con el propio apellido de este honesto creador se podr a decir que Jorge Arx se encamina al enigm tico principio del
arte o, por remitir a la etimolog a griega, al arj. Se podr a decir que una obra tan hiper-tecnol gica como es la que est desarrollando
funciona como una arqueolog a de sus peculiares obsesiones. El origen de la obra de arte, advirti Heidegger, nos aparta de lo
til, de la herramienta pero obligarnos a desplegar una percepci n desinteresada. Es en la brecha del mundo (lo que est disponible
a la mano en una estructura de c lculo) y la tierra (el dep sito inagotable del sentido) donde aparece o se revela la obra de arte o,
mejor, es ah , en ese dominio de fricci n, donde se pone en obra la verdad de la experiencia art stica. El novum radical de lo est tico
lo genera Arx por medio de la cibern tica aquello que cierra las aspiraciones de la metaf sica. En buena medida, lo que este creador
nos ense a es que la esencia de la t cnica tiene car cter po tico, valer decir, que donde se encuentra el peligro (la devastaci n del
mundo causada por nuestra voluntad f ustica) puede surgir, como pretendiera Holderlin, lo que salva.
En unas notas en torno a sus piezas recientes, Jorge Arx se ala que sus piezas forman estructuras que remiten simb licamente al
oc ano, a lo acu tico: se trata as de sugerir una transparencia colorista que nos deja ver el fondo de, por llamarlo de alguna manera,
el lago 6. La identidad se refleja y disuelve en el seno del agua. Se trata de escapar de la idea del agua como algo asociado a un
vano destino, de un sue o que no consuma, para localizarla en una vivencia esencial, un juego aleatorio de hondas que sin cesar
transforma la sustancia del ser 7. Agua como aquella en la que pensara Her clito al afirmar que no podemos ba arnos dos veces
en el mismo r o, fundida la subjetividad en el elemento que pasa dejando como rastro limo. La inmersi n en las aguas significa el
retorno a lo preformal, en su doble sentido de muerte y disoluci n, pero tambi n de renacimiento y nueva circulaci n, pues la
inmersi n multiplica el potencial de la vida. El nacimiento se encuentra normalmente expresado en los sue os, como se al Freud,
mediante la intervenci n de las aguas. Se alude por medio de ese elemento a lo transitorio pero tambi n a la finitud: el agua es la
profundidad transparente, algo que pone en comunicaci n lo superficial y lo abismal, por lo que puede decirse que esa sustancia
cruza las im genes.
Arxé nos lleva, por medio de sus visiones artificiales, de las ondas acu ticas a la estricta inmersi n, a la presencia humana que
anhela el ba o. La obra de Jorge Arx es una especie de alegor a de la naturaleza, cuando est ya es lo incontrolado8. l mismo
apunta que sus obras recientes remiten a la desestructuraci n de la naturaleza por la mano del hombre y nos sugiere una profundidad
de campo inaprensible y extensa en el sentido m s amplio del t rmino 9. Esas extra as superficies parecen reclamar y prohibir,
al mismo tiempo, el tacto; con sus ondulaciones sensuales y su geometr a l dica nos hacen pensar en la capacidad del hombre tanto
para destruir cuanto para imaginar el mundo. generando una tempestad en una sima abierta dentro del sujeto .
El pensamiento del afuera, carente de an cdotas o literalismos, de Jorge Arx , tiene algo de vibraci n el vac o: Ahora puedo decirlo:
el punto de partida de un artista —escribe Peter Handke- es el gran sentimiento que se tiene, a veces, de un enorme vac o en la
naturaleza, un vac o que luego l, quiz , con este vac o como impulso, llenar con algunas obras, pero que luego, una y otra vez –
`se al de que es artista!-, volver siempre, de un modo renovado, en forma de gran vac o, de vac o que da placer: como vac o en
ebullici n . En la obra de Jorge Arx hay una sublimidad, caracter stica segun Lyotard del arte postmoderno, en la que intervienen
lo informey ese defecto de realidad que el nihilismo contempla. En el sentimiento sublime intervienen las distintas facultades del
conocimiento, oponi ndose las unas a las otras, arrastr ndose hasta el l mite (pugna entre la imaginaci n y la raz n, pero tambi n
del entendimiento con la sensaci n). Lo sublime, ese sentimiento de terror que permite que la raz n se postule para evitar el naufragio
del concepto, es finalidad sin fin, umbral de lo que no puede denominarse, pero tambi n es la intensificaci n de la subjetividad
entregada a la contemplaci n de lo no finito. Ciertamente, en la obra de Arx no hay un naufragio del imaginario, antes al contrario,
late una poderosa esperanza, apela a la potencia energ tica de la belleza, nos obliga a mirar el mundo de otra manera.
En un breve pasaje de la Po tica, dedicado a las formas de la dicci n art stica, Arist teles define de este modo el enigma: La forma
del enigma consiste, pues, en conectar t rminos imposibles diciendo cosas existentes . En lo enigm tico hay una particular densidad
de met foras, pero tambi n una combinaci n o conexi n imposible, la mezcla de sentidos literales y figurados 12. El pathos de lo
oculto est conectado con la concepci n surrealista del imaginario como un plano (mesa de disecci n) donde se encuentra lo
radicalmente heterog neo. Lo artificial y la evocaci n natural est n fusionados en la obra enigm tica de Jorge Arx que ofrece un
espacio deseante que reclama, simult neamente, cercan a y distancia.
`Nosotros —dice Nietzsche- siempre queremos vivir la experiencia de una obra de arte!`Por tanto tenemos que plasmar la vida de
forma que este deseo se alimente por cualquiera de sus partes! Esta es la idea principal .
Las formas hipn ticas, surgidas de un espacio cerebral y electr nico, imponen una especie de melod a. Mar a Zambrano se al
que el alma humana ha perdido su m sica: la m sica, es decir, el quedar grabada en el alma la inmutable impracticabilidad del
origen . Sin duda, la obra de Jorge Arx , a la que ya he calificado como arqueolog a del origen13, puede entenderse como una
variaci n de formas en la que interviene tanto la m sica cuanto el sentimiento (espacial) del vac o. Desde el pensamiento pitag rico,
en los albores de la especulaci n filos fica, surge una pasi n por la proporci n y la armon a, una tradici n que se funda sobre la
idea del ritmo14. Y, curiosamente, esa modulaci n r tmica se fija, en algunas de las obras de Arx , como reticulaci n geom trica.
La ret cula, emblema y mito de la modernidad, es menos r gida de lo que parece, en ella hay tambi n algo et reo, una levedad
inexplicable. En esa escena, sometida al imperio de la l nea y del ngulo, aparece aquella alegor a del olvido que Duchamp
denominara lo inframince (la geometr a sin grosor) o bien la s bita transici n de lo familiar a lo inh spito. La expansi n del espacio
en todas direcciones se produce en la reticulaci n, siendo la obra un fragmento cortado de un tejido mayor; esa transgresi n lleva
m s all del marco , desmaterializ ndose la superficie de lo pict rico, mientras el material se dispersa en un parpadeo o un
movimiento t cito 15. La cuadr cula, con su ausencia de jerarqu a y de centro, enfatiza su car cter antirreferencial, haci ndose evidente
su hostilidad frente a lo narrativo. Esta estructura, impermeable tanto al tiempo como a lo accidental, no permite la proyecci n del
lenguaje en el dominio de lo visual: el resultado es el silencio 16. La ret cula es, aunque no suela reconocerse, una representaci n
de la superficie pict rica, en la que, en cierto sentido, se produce una veladura de la misma, al afianzarse la repetici n. Tras la ficci n
del estatuto originario de la superficie pict rica, en un final que es, propiamente, un tiempo de definici n de nuevas finalidades,
Arx convierte sus estructuras inmensamente tecnificadas , de un cromatismo vibrante, en la forma de retornar a aquel origen
musical del que hemos perdido el recuerdo. Nuestro representar busca por doquier un fundamento, pero las im genes han sido,
casi siempre, promesas de lo otro: salto en lo insondable, en ese lugar que no tiene suelo. Heidegger propuso un cambio de tonalidad
en la proposici n del fundamento a partir de la siguiente pregunta: se deja determinar en medida adecuada a la cosa la esencia
del juego a partir del ser como fundamento, o tendremos que pensar ser y fundamento, ser como fondo-y-abismo, a partir de la
esencia del juego y, adem s, del juego al que somos llevados nosotros, los mortales que solamente somos y existimos en la medida
en que habitamos en la cercan a de la muerte? El juegopertenece, esencialmente, al fundamento 17. Cuando Arx explica sus ltimas
obras advierte que no pod a faltar la presencia humanaque, tratada de forma festiva, se precipita en avalancha a guisa de ba istas
en una tarde de verano cualquiera .
Su acertada remisi n al sentimiento oce nico (un t rmino crucial en Freud), revela, en contraste, el m s hondo malestar cultural, la amarga
sensaci n de que parece como si el arte hubiera olvidado la potencia de la materia y su energ a desbordante. Lo que queremos del arte es
una capacidad de germinaci n, un activar acu ticamente nuestra vida en vez de hacernos entrar en una dimensi n cruel, propia de un
tratamiento Ludovico 18 masivo. Arx est buscando un territorio f rtil en el que mundo y tierra, a trav s de la producci n digital, puedan
reencontrarse.No cabe duda de que la obra de este creador, desde sus antiguas esculturas hasta sus recientes im genes generadas por
ordenador, tiene una singular exactitud, lo que no supone que sea de una perfecci n silenciosa sino m s bien de una apariencia arm nica
pero sin renunciar al ruido de fondo 19. Para Italo Calvino, la exactitudquiere decir sobre todo tres cosas: un dise o de la obra bien definido
y calculado, la evocaci n de im genes n tidas, incisivas y memorables y el lenguaje m s preciso posible como l xico y en tanto que forma
de expresi n de los matices del pensamiento y la imaginaci n. Podemos pensar que la exactitud se relaciona, aunque parezca parad jico,
con la indeterminaci n, pero tambi n con esa convicci n, m stica, de que el buen dios est en los detalles . Comprender la exactitud acaso
obligara a hablar del infinito y del cosmos, derivando hasta el delirio flaubertiano. Calvino indica que la exactitud es un juego de orden y
desorden, una cristalizaci n que puede estar determinada por lo que Piaget llama orden del ruido: el universo se deshace en una nube
de calor, se precipita irremediablemente en un torbellino de entrop a, pero en el interior de ese proceso irreversible pueden darse zonas
de orden, porciones de lo existente que tienden hacia una forma, puntos privilegiados desde los cuales parece percibirse un plan, una
perspectiva 20. En buena medida, la exactitud sit a, como sucede en la obra de Arx , la profundidad en la superficie, hace visible la estructura,
convierte la piel de la obra en un espejo enfrentado consigo mismo. Las formas digitales de Jorge Arx hacen que se materialice algo
que es, en todos los sentidos, virtual. Los planos de color encarnado van superponi ndose, componiendo extra as columnas que llevan
a recordar el barroco borrominiano. Hay algo pulsional incluso podr a decirse aleg rico de la sangre en esas formas que est n fijadas en
el blanco m s absoluto. Los equilibrios sensuales de esas estructuras, semejantes tambi n a ciertas esculturas de Tony Cragg, acaso tengan
que ver con el deseo de dar cuenta de nuestra identidad como algo fr gil y necesitado siempre del otro. No cabe duda de que el imaginario
sutil y en rgico de Jorge Arx se sit a en las ant podas del reciclaje est tico de la basura cultural. Frente al regodeo en lo cotidiano-banal,
este creador quiere proponer lo maravilloso, esto es, un universo pl stico que no sea ni lo real traum tico ni la pura entrega al simulacro 21.
El postarte es un arte completamente banal: un arte inconfundiblemente cotidiano, ni kitsch ni arte elevado, sino un arte intermedio que
confiere glamour a la realidad cotidiana mientras finge analizarla 22. Intenta o simula ser cr tico, cuando en realidad es una estrategia de
desenmascaramiento que finalmente recurre, permanentemente, a lo espectacular, esto es, a la dimensi n del entretenimiento.
Obviamente, Jorge Arx no quiere hacer im genes espectaculares, antes al contrario, invita al espectador a aproximarse a un dominio
de tensiones ntimas, a una suerte de paso a dos, valga la terminolog a propia de la danza, en el que los giros y los vuelos requieren
de agilidad, fuerza y, sobre todo, confianza. Frente a los planteamientos art sticos que convierten la iron a en una coartada 23, Jorge
Arx quiere crear una obra que sea un puente tendido entre el yo y el otro , vale decir, est materializando, en metal o en el espacio
computerizado, esos deseos que nos hacen perder pie pero que a veces nos llevan hasta el placer. La enigm tica belleza de las obras
de este artista revela que sus esfuerzos no son, en ning n sentido, en vano. Su indagaci n arqueol gica, con la tecnolog a cibern tica,
nos lleva hasta lo primordial: a la vivencia del agua, a la necesidad de introducirnos en ese elemento. La aparici n de la especie
humana —escribe Jorge Arx – reclama su lugar y alborota su entorno como si al sumergirse en el agua sta no dejara de salpicar 24.
Fernando Castro Fl rez

Fernando Castro Flórez