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Galería de arte, Valencia (España)


¿Qué tienen en común Joseph Beuys y Joan Brossa? Aparentemente poco…

¿Qué tienen en común Joseph Beuys y Joan Brossa? Aparentemente poco…
Joseph Beuys y Joan Brossa
Mayo 2008

Ricard Mas

"¿Qué tienen en común Joseph Beuys y Joan Brossa? Aparentemente poco…"

EL FIELTRO Y EL NAIPE

¿Qué tienen en común Joseph Beuys y Joan Brossa? Aparentemente, poco. Ambos fueron seducidos por el pathos del material, la sustancia otra del positivismo científico. Ambos recolocan el arte fuera de la escena habitual, cultivan la pluridisciplina. Beuys sublima, Brossa, deconstruye. Beuys pretende sacralizar las relaciones sociales mediante la comunión con la naturaleza, la deshumanización por la animalización. Beuys es el chamán, Brossa el prestidigitador.

Beuys se encierra en la jaula-galería y enseña la historia del arte a una liebre muerta, sin ironía, con el rostro embadurnado de miel y pan de oro. Brossa se recluye en su piso de la calle Balmes, sobre una montaña de recortes de periódicos, y sale religiosamente cada atardecer a su sesión de filmoteca. La pedagogía alternativa de Beuys se enfrenta al academicismo de Brossa.

Joseph Beuys (Kleve, 1921- Düsseldorf, 1986) es uno de los más grandes artistas plásticos alemanes. Tras la segunda guerra mundial se inició en el mundo del arte realizando trabajos de escultura monumental por encargo. Posteriormente, elaborará un arte personal y original que retomaba la tradición dadaísta.En 1961 fue nombrado profesor de Bellas Artes de la Academia de Düsseldorf y articuló un modelo pedagógico participativo con sus estudiantes, muy comprometido políticamente.

También se relacionó con el grupo internacional Fluxus, dedicado especialmente al happening, con el que realizará diversas acciones.

A partir de 1969 encaminará su acción artística hacia la interacción política, al margen de los canales tradicionales. De hecho, sus actividades no se pueden adscribir a ninguna tendencia concreta, aunque participa del arte povera, del Minimal Art y del conceptual. Sus creaciones plásticas estaban estrechamente ligadas a su condición de agitador cultural.

Beuys viste su arte en una mitología hecha a medida: durante la segunda guerra mundial, su avión cae abatido en Crimea. Es encontrado por una tribu nómada de tártaros, untado de grasa animal y envuelto en fieltro. Renacido mediante este método tan efectivo como simbólico, abandona su vocación de pediatra y se encamina hacia la senda del arte. Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998) inicia su actividad tras la guerra civil española. Movilizado al frente de Lérida, entretiene a sus compañeros con trucos de baraja e historias insólitas. Al terminar la contienda, es enviado a hacer el servicio militar a Salamanca. Allí descubrirá a Freud, el automatismo psíquico y las imágenes hipnagógicas –elaborados a través de sueños conscientes-. El poeta pastelero de Sarrià, J. V. Foix, le introducirá en la disciplina poética, mientras que Joan Miró –a través del sombrerero y mecenas Joan Prats- le adentrará en el automatismo psíquico y el antiarte.

El poeta y cónsul brasileño en Barcelona, Joao Cabral de Melo, le introducirá en la problemática social, y el crítico de arte Rafael Santos Torroella –que ocupará el piso de Cabral en Barcelona- le edita su primer gran poemario: Em fa fer Joan Brossa (1950). Por último, su amistad con joven pintor Antoni Tàpies le llevará a realizar una serie de libros de artista en colaboración, como Fregoli (1969) o Carrer de Wagner (1988).

Beuys estudia con profusión a Jung, Leonardo da Vinci y sobre todo a James Joyce. De Novalis toma la sentencia “todo el mundo es un artista”, y de Steiner, los aspectos más sociales de las ciencias naturales, como el comportamiento de las abejas. Su mente elabora un animalario a medida, retomando la tradición mística alemana, la espiritualidad expresionista y la utopía social dadaísta. Brosa, mientras tanto, realiza su primer poema objeto: un pedazo de papel de charol, recogido de la basura y expuesto, tal cual, sobre un soporte. Descubre el cine, la ópera y el ballet. Se inicia en el teatro y escribe sus primeros guiones. También colabora con el grupo Dau al Set, un movimiento de vanguardia que enlaza con el surrealismo de preguerra con los corrientes contemporáneos, recurriendo a la estética de lo mágico, el primitivismo, el automatismo y el collage.

Beuys orientará su carrera hacia la práctica política, lo que le merecerá ser expulsado como profesor de plástica monumental, mediante iniciativas como la Organización para una Democracia Directa a través del Referéndum, la Universidad Libre Internacional para la creatividad y la Investigación interdisciplinar, o plantadas masivas de árboles. Esta forma de ver el arte como motor de cambio social y transformación ideológica le encumbrarán como uno de los padres del nuevo arte fraguado a inicios de la década de los sesenta.

Brossa tardará un poco más en ser reconocido por el público general, hasta 1986, fecha de su primera antológica en la Fundació Miró, de Barcelona.

Beuys y Brossa han expuesto en instituciones como el Ivam, de Valencia, o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid, pero nunca habían coincidido en un mismo espacio. Esta, pues, es una especial oportunidad para la reflexión y el diálogo artísticos de dos de las figuras señeras de la creatividad contemporánea.

Ricard Mas