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Galería de arte, Valencia (España)


Los sentidos del tiempo

Los sentidos del tiempo
Junio 2003

Pedro Castrortega

"Los sentidos del tiempo"

LOS SENTIDOS DEL TIEMPO

El tiempo es como un gran universo que sostiene nuestros acontecimientos.

La sucesión de nuestros actos, los medimos en tiempo. ¿Qué sentido tienen nuestras ideas, nuestras acciones?

Buscamos realizarnos, entregarnos al suceso que nos acontece diariamente. Tratamos de relacionar multitud de cosas, que encadenadas unas a otras, nos construyan un soporte, un camino.

¿Cómo entregarnos a nuestro encuentro?

Yo, lo pretendo desde el deseo.

Esbozar un dibujo, es como plantar una semilla, que no conocemos. Aparece una idea, una intención, que responde a un deseo, se sitúa

en la nada, en un papel en blanco, provocamos el primer gesto, una

mancha, un color, una primera línea me entrega a un universo de relaciones, a un viaje tan deseado, como inesperado.

Pretendo el sentido que me aproxime a la idea, pero, el arte es un viaje imprevisible, y cuando el boceto está realizado, el viaje continua.

El universo del boceto, lo quiero transportar, agrandar, completar, y es aquí donde pervive lo próximo, pero donde se experimenta lo único.

El reflejo que pretendo se convierte en una nueva nave que nos propone otro viaje diferente.La experiencia es única.

Los sentidos y el tiempo son cómplices para arrojarnos, en cada segundo a la intensidad, al desafío.

Pedro Castrortega

Paisaje · retrato · bodegón · desnudo

La pintura de Pedro Castrortega.La pintura de Pedro Castrortega se ha desarrollado específicamente tratando de alcanzar a la vez una identidad como artista y una obra propia y personal. Es cierto que, por lo general, la obra de un artista es lo que finalmente construye su propia identidad, –¿qué son Velázquez, Van Gogh o Picasso a la postre sino sus cuadros?–, pero Castrortega, consciente de ello, ha desarrollado más bien su obra específicamente como una investigación acerca de la propia identidad. Casi, como una investigación filosófica.

Desde que David Hume mostrara en su Tratado de la naturaleza humana que empíricamente no es posible encontrar el fundamento, substancia o substrato que constituye al sujeto, y que por tanto la identidad personal no es nada en realidad más que “un haz o un montón de percepciones”, toda la tradición filosófica posterior ha tratado de enfrentarse a este problema, o bien buscando alguna solución provisional o bien aceptando la disolución de la identidad personal, como una ficción poderosa que se nos impone. Castrortega parte en su pintura de la convicción de que uno es múltiple.

De que uno en su casa es padre de familia y amantísimo esposo, en su taller pintor disciplinado, en los bares un juerguista irredento, en el dentista un sufrido paciente y en las tertulias, un ameno y divertido conversador. Pero igualmente uno es hombre y mujer y niño y anciano a la vez. Tiene los dos sexos y todas las edades. Uno es a veces piedra y a veces árbol, a veces río, a veces lluvia y a veces también llanto. Perro y gato, paraguas y sombrero, ladrón y policía.

Querer concentrar todas estas experiencias en la pintura le ha conducido a un problema o, mejor dicho, a una solución, con la que ha venido lidiando durante muchos años, en la que la idea de la propia identidad se representaba mediante una extraña figura, vagamente antropomórfica. Una figura que, tomando el pie en vez de la cabeza o del rostro como base y fundamento de la identidad, se desplegaba en la forma de un sujeto sexual y polimorfo, con una extraña apariencia fálica por un lado y vaginal por otro.

Castrortega dotaba a aquel animal fieramente humano de todos los sexos, de todas las edades y de todas las apariencias posibles, creando una especie de monstruo devorador de la pintura que, como una especie de Tifón, ambicionara todo y quisiera devorarlo todo.

A veces aquel monstruo de pintura se enmarañaba de tal modo que parecía se hubiese desayunado incluso al propio artista, con sus brochas y pinceles, para alimentar su ambiciosa voracidad de identidad.

El cuadro recogía así la idea fundamental del artista, que no era sino plasmar en la pintura las inquietudes de la construcción de la propia identidad, pero desplegaba con ello una extraordinaria y feroz complejidad compositiva, que hacía áspera la lectura y poco complaciente la contemplación.

Por eso ahora Pedro Castrortega, en esta nueva serie titulada “El árbol de la ciencia”, ha decidido simplificar algunos de sus elementos compositivos, formalizarlos de algún modo, para –siendo fiel a los mismos problemas– tratar de escenificarlos de manera más sencilla y comprensible para el espectador.

Consolida así una larga experiencia de trabajo y nos la presenta de un modo estéticamentemás amable, como si ahora se tratase tan sólo de recoger sus frutos.

Por eso, frente a la abrupta maraña volcánica de las identidades, que antes se presentaba como una voraz lava de pintura que arrastraba todo consigo, ahora el artista ha formalizado, bajo la imagen genérica del árbol, la misma problemática, pero estilizada. El árbol sigue siendo entonces imagen de una identidad polimorfa y de un saber excesivo y perverso.

Por eso el artista lo bautiza como “el árbol de la ciencia” y se regodea en presentarnos sus ramas y sus frutos, cargando con los restos de aquella vieja problemática. Asoman por allí piernas, flores, sombreros, brazos y cabezas. Como testimonio de que estos árboles son todavía herederos de aquella compleja búsqueda de la identidad. Y sin embargo ahora, se presentan bellamente estilizados,como si fueran por un lado retratos de un personaje exuberante, a la vez que paisajes de una campiña amable y violenta a la vez.

Pero esta doble y extraña idea de que estos nuevos cuadros de Pedro Castrortega sean retratos a la vez que paisajes, nos hace comprender que en ellos se alcanza de algún modo el ideal perseguido. El ideal de la obra propia, en la búsqueda de la propia identidad. Pues no sólo son representación de una personalidad rica y polimorfa, sino también de una complejidad alcanzada en la pintura, que empieza ahora a desplegar una mayor simplificación.

De hecho, estos nuevos cuadros no son sólo retratos-paisaje, sino que muchos de ellos tienen incluso la apariencia de fruteros o directamente de bodegones. De modo tal que, la doble ambición del artista de alcanzar una voz propia con una pintura propia, se nos presenta ahora con la apariencia no sólo de acumulación de identidades, animal, vegetal y mineral, sino también con la apariencia de acumulación de distintos géneros pictóricos.

Los géneros pictóricos tradicionales eran el paisaje, el retrato, el bodegón y el desnudo, y los cuadros de Pedro Castrortega se nos presentan ahora también como un compendio o culminación de la tradición de la pintura, bajo la extraña forma de Paisaje-retrato-bodegón-desnudo.

Pedro Castrortega