Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola

Español

Galería de arte, Valencia (España)


Viaje a La Habana

Viaje a La Habana
Carmen Jabaloyes
Diciembre 2015

Fernando Castro Flórez

"Viaje a La Habana"

Contigo en la distancia.

En verdad, como apuntó Freud, solamente podemos decir que hemos estado en un sitio: el seno materno. Todo lo demás es el resultado de un corte, una estricta aporía, el resto de la amputación del cordón umbilical. A lo largo de nuestra vida emprendemos todo tipo de viajes, en muchas ocasiones arrastrados por la pulsión turística, para ver que lo que ya sabíamos que había que ver. Miramos a través del teléfono móvil, nos hacemos un selfie, sin ser capaces de experimentar nada. En ocasiones sentimos la necesidad de regresar a sitios donde nunca hemos estado o, mejor, tratamos de reconstruir el objeto perdido, en una anticipación de la melancolía que fatalmente sufriremos cuando nos falte aquellos de verdad nos importan. El hombre es, como quedó sedimentado en el enigma de la Esfinge, un extraño para sí mismo y, lo peor de todo, es que su condición esencial es terrible, inquietante o, en otros términos, descomunal y formidable. La experiencia artística, en el mito transmitido por Plinio, surge, en cierta medida, como el dibujo que hace una mujer de la sombra del amado en el muro, en un ejercicio inequívoco de tristeza con la certeza de que el ser único tiene que partir. Me gusta pensar en la historia del arte como los fragmentos de un discurso enamorado en el que estamos entre la atopía (el sin lugar que nos mantiene en vilo esperando, literalmente, correspondencia) y el entusiasmo (que lo desbarata todo e introduce la dimensión del sentimiento sublime, un deleite que no excluye el dolor), rindiendo tributo a esa antigua divinidad que es hija del recurso y la pobreza, ejemplo de astucia pero también de un camino hacia la resplandeciente llanura de la verdad.

Los cuadros de Carmen Jabaloyes pueden ser entendidos como una historia de amistad (otro modo de trenzar un vínculo afectivo más allá de lo dado por naturaleza) en la que el impulso principal es la búsqueda de la luz. Carmen Jabaloyes describe en un texto su vida itinerante por ciudades como Venecia, Washington, Boston y, más recientemente, en Alemania y el anhelo de encontrar una luminosidad cálida, acaso en una inercia nostálgica que hace que no desaparezca el recuerdo del mediterráneo. Deseando encontrar un calor acogedor, planificó, con su amiga Anja, un viaje a Cuba que finalmente ella no llegó a hacer. La amiga realizó cientos de fotografías en la Habana, mezclándose, en cuatro viajes apasionados, con los cubanos, disfrutando de su empático modo de vivir, sedimentando paisajes y gentes, fijando instantáneas que tenían que ver con canciones, risas, palabras sin pausa, luces mágicas en una ciudad en la que también impone su ley la ruina urbana y anomalía política. Desde la distancia, lejos de la luz caribeña, Carmen fue recibiendo esa cantidad desbordada de fotografías y decidió pintar su peculiar sentimiento de lo cubano. Dice, con precisión, que lo que ella ha hecho ha sido convertir en “pintura” lo que Anja le regaló.

“Me apropié -dice Carmen Jabaloyes- de paisajes, caminos, luces y sobre todo personas”. Convierte el documento fotográfico en una puctualización pictórica. Dota a las instantáneas habaneras de Anja de un colorido desbordante que tiene mucho de tardo-romántico, haciendo que sea la carnación cromática lo que domine más allá del contorno definido del dibujo. Esta artista lo que quiere es dar rienda suelta a un sentimiento que surge como entusiasmo y ponderación, en una manifestación lúcida de que la tarea del arte no repetir lo que hay en el mundo sino producir lo visible. En sus obras hay un colorido vibrante, una musicalidad de lo figurativo, un placer que lleva a convertir la pintura en lo diáfano. En tiempos oscuros necesitamos destellos de esperanza o, recordando a Stendhal, deseamos recuperar la idea de que el arte es “una promesa de felicidad”. La utopía estética (de nuevo ese lugar que no está propiamente en ningún sitio) de Carmen Jabaloyes nos regala (como hiciera su amiga Anja con sus fotografías) una visualidad que supera el nihilismo, anhelando que las cosas (no sólo en Cuba sino en nuestro mundo, verdaderamente, aterrorizado) vayan mejor. El mundo a veces se entiende mejor escuchando o bailando un bolero, aunque para los amantes el arte también cabe recordar aquel rinoceronte dibujado por Durero, un animal extraordinario que nunca llegó a ver pero que nos dejó como un regalo estético que nos incita a gozar de lo inaudito, de todo aquello que nos invita a superar creativamente la distancia.

Fernando Castro Flórez.

Fernando Castro Flórez