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Galería de arte, Valencia (España)


400 CUADROS PARA LA FAMILIA, 1.000 PARA LA FUNDACIÓN

Cómo se va a repartir el millonario legado del genial Tàpies, autor de más de 8.000 obras. ¿Se pagarán con sus cuadros impuestos a Hacienda, como Picasso y Miró?

 JAVIER CASTRO VILLACAÑAS

 Quinientas pesetas de los años 40 (decir 3 euros de ahora sería engañoso) fue el precio que se pagó por el primer cuadro de Antoni Tàpies. Ocurrió en 1948 durante la celebración del I Salón de Octubre de Barcelona. Era la primera vez que el artista barcelonés participaba en una exposición y lo hizo con dos cuadros: Pintura y Encolado. El comprador fue Xavier Vidal de Llombatera, uno de sus mejores amigos de Cobalto 49, club de intelectuales al que pertenecía el pintor. El segundo lienzo fue adquirido a un precio similar, por Joan Prats, toda una institución en la edición y crítica de arte en Cataluña. Ellos conformaron el primer soporte moral y económico del genial pintor, que falleció con 88 años, el pasado lunes en la capital catalana. Una vez roto el himen crematístico, los éxitos personales y económicos han sido todo un suma y sigue en la existencia de este coloso de las artes plásticas del siglo XX.

Ahora toca deshacer la casa. En este caso, repartir la inmensa herencia del marqués de Tàpies, título que le concedió el rey Juan Carlos, el 9 de abril de 2010. un legado incalculable no sólo compuesto por bienes artísticos: cuadros , pinturas, grabados, lienzos, esculturas, ya que el patrimonio del finado es inmenso e incluye además una cantidad indeterminada de bienes muebles, inmuebles, inmuebles, títulos, valores y derechos de propiedad intelectual.

“La principal herencia de Tàpies no es material, es, sobre cualquier otra consideración, de tipo moral”, cuenta su fiel amigo Manuel Borja – Villel, actual director del museo Reina Sofía y especialista máximo en la obra de Tàpies: “Él es una figura irrepetible, puente entre las vanguardias más importantes del siglo XX (Picasso, Dalí, Miró) y el mundo cultural actual. Ha sido un artista excepcional que encarnó un espíritu renacentista, donde nada humano le era ajeno”. Y es que, desde que en 1946 ìntara su primer cuadro, hasta las últimas pinceladas que pudo realizar durante el verano de 2011, se calcula en torno a 8.000 piezas de arte que ha dejado como legado. De ellas, unas 1.000 fueron donadas por el matrimonio Antoni y Teresa Tàpies a la Fundación que lleva su nombre y que tiene su sede en Barcelona. Se calcula que quedarían en poder de la familia unos 400 cuadros de gran tamaño, los que tienen mayor valor.

Precisamente para gestionar los derechos de propiedad intelectual del artista, la familia Tàpies creó una herramiena: la Sociedad de Gestiñon Tàpies y Familia.

Lo que no es de los Tàpies o de la Fundación está repartido en todo tipo de colecciones, privadas, públicas, a lo largo y ancho del planeta. “Los muesos más importantes de Europa y América se siguen peleando por tener cualquiera de sus cuadros más significativos. Felizmente, el museo Reina Sofía está muy bien representado por 40 Tàpies. Nos faltaba algo de la primera etapa, pero hace poco hemos adquirido una estampa de 1947”.

“El mundo del arte no son ciencias exactas”, dice un experto en tasación. “Si ya es difícil calcular el precio aproximado de una obra concreta, imagínese tasar el valor de todo el patrimonio acumulado por un artista de la categoría de Antoni Tàpies. Es imposible.  Como afirmó Antonio Machado, “todo necio confunde valor y precio”. Y este sería el primer mandamiento que se tiene que aplicar a un inventario de esta magnitud”, sentencia el marchante.

AUMENTO DEL CACHÉ

A las primeras 500 pesetas que ingresó Tàpies, le siguieron casi inmediatamente otras 10.000. Ese fue el precio que pagó por 10 pinturas Joseph Gudiol, director de un instituto artístico de Barcelona. Acto seguido, Tàpies se especializa en retratar a la “buena sociedad” de Barcelona. Eso sí, tras el aumento correspondiente de su caché, “bien aconsejado por mi familia”, como confiesa él en sus Memorias: “Nadie puede imaginar seguramente cómo el producto de aquella docena de retratos contribuyó a cubrir los gastos más elementales de casa y los míos: comer y vestir, así como prepararme para huir al extranjero”.

Antes de materializar su huida al exterior, que vendría coronado con su espectacular éxito en la Bienal de Venecia en 1950, como buen catalán universal triunfó primero en Madrid. Y lo hizo ese mismo año de la mano de Eugenio D’ors, algo más que el intelectual más relevante del franquismo. En 1953 vuelve a triunfar en la capital de España de la forma más prosaica posible: ganando un concurso de christmas organizado por Galerías Preciados. Fueron 12.000 pesetas de la época, al cambio 12 euros. 59 años después esa cantidad queda ridícula si la comparamos con los 800.000 euros /más de 13 millones de las antiguas pesetas), el precio de venta de uno de los 10 Tàpies –en concreto, Què fem, una obra de 1947- que se exponen esta semana en Madrid, en la galería Elvira González.

El record de Tàpies se alcanzó en una subasta celebrada hace ahora dos años: febrero de 2010, Galería Christie’s de Londres, un cuadro de finales de los 50 alcanzó 1.144.200 euros. Con anterioridad, en 2007, una pintura se subastó por 1.100.000 euros. Para la próxima semana están anunciadas en las Galerías Christie’s y Sotherby’s de Londres sendas subastas con nuevas obras. Será un excelente termómetro para calcular a temperatura exacta de la fiebre por adquirir obras del artista recién fallecido.

No siempre la muerte de un pintor hace aumentar el precio de sus obras. Por eso, en torno a una cantidad media, unos 500.000 euros por cuadro grande (en poder de la familia quedarán unos 400), es la cifra que puede servir de base para calcular el patrimonio total en obra pictórica que queda en poder de los herederos del artista. En total unos 200 millones de euros. Sólo en cuadros.

Antoni Tàpies se casó con su mujer, Teresa Barba, el 15 de octubre de 1954,  fiesta de Santa Teresa de Jesús. Su historia de amor es digna de ser contada. Cuentan, quienes la conocen, que Antoni sufrió literalmente un flechazo al conocer a Teresa, de la que le separaban, además de los años (Antoni era 14 años mayor) distancia geográfica. Toda su relación se mantuvo a base de cartas y visitas.

Finalmente triunfó el amor que se ha mantenido hasta las últimas horas del artista. Dicen que el sentimiento de Tàpies hacia su mujer era tan profundo que las “T” o “cruces” que aparecen reiteradamente en sus lienzos estaban dedicadas a la “T” de Teresa. Del matrimonio nacieron tres hijos: el mayor Antoni, de 55 años, es propietario de una Galería de Arte en Barcelona; Pilar, una médico de 53 años, es quien más se ha dedicado al cuidado de sus padres; y Miquel, de 51, que ha sido presidente y director de la Fundación Tàpies y se dedica a la gestión del patrimonio familiar. Siguiendo esa línea descendiente, ya en un segundo grado, aparecen cuatro nietos.

ÚLTIMA VOLUNTAD

Viuda, hijos y nietos serían los herederos directos del artista. Hasta que se abra el testamento, no sabremos cuál fue la última voluntad de Tàpies. Al contrario de lo que sucedió de lo que sucedió con las herencias de Picasso, Dalí y Miró, es difícil que el legado de Tàpies beneficie los intereses públicos. En el caso del pintor malagueño, Pablo Ruiz Picasso, su herencia se valoró en 17.000 millones en 1977, y el Estado francés se atribuyó entre el 16 y el 20% de esa cantidad. Salvador Dalí nombré como su heredero universal al Estado español. Mientras que en la herencia de Joan Miró la familia pagó al Estado, en concepto de impuestos de sucesión 24 óleos y 203 grabados.

Tras la aprobación de la reforma de la última Ley de Sucesión en Cataluña se aplica una reducción del 99% en la cuota de sucesiones desde el 1 de enero de 2011. El resultado de este cálculo puede quedar, finalmente, en algo meramente simbólico que se podría solucionar también con la entrega de una obra de arte al Estado a través de la Generalitat. En opinión de Borja-Miguel, director del Reina Sofía: “El arte es la mejor inversión que pueden hacer los Estados. Si los Borbones hubieran comprado deuda pública alemana en lugar de construir el Museo del Prado, hoy seríamos infinitamente más pobres: económica, moral y culturalmente hablando”.


¿Qué Tàpies enriquecerá ahora el Estado español? La batalla está ganada. Que nadie confunda valor y precio.