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Galería de arte, Valencia (España)


Bellezas naturales

La paradoja se riza a través de los exquisitos objetos de Bill Thompson de la misma forma que sus superficies brillantes y seductoras cambian y distorsionan imágenes reflejadas. Son misteriosas y bellas. Aparece en ellas algo extraño y a la vez familiar. Aunque el artista las manufactura laboriosamente, no queda en ellas rastro alguno de sus manos. Estas formas satinadas, monocromáticas, minimalistas y herméticas encarnan la antítesis de la superficie caótica del mundo natural, aun cuando esta claro que la naturaleza juega necesariamente un papel subliminal. Como Jean Arp y Ellworth Kelly, Bill Thompson cultiva el filo siempre contradictorio entre la aleatoriedad de lo físico y la racionalidad del intelecto. Se podría argumentar, empero, que Thompson profundiza mucho mas en cada opuesto e invierte mucho mas en su proceso de fusión y contraste, sumergiendo en su practica un lenguaje privado semejante a los códigos genéticos. Estos objetos están hechos completamente por el artista, siguiendo un proceso intenso y laborioso proceso, que comienzan con el mas inorgánico de los materiales: espuma densa de poliuretano. Un modesto bloque de espuma rectangular es un semillero, improbable “a priori”, para especímenes tan exóticos. Se trata de un material difícil de atribuir al autor, a diferencia de otros con cualidades innatas, como el mármol o la madera que puedan in-formar al escultor tradicional mas simple. Es “un substrato”, afirma Bill Thompson, sin ninguna sugerencia o posibilidad de vida. Sus proporciones ponen literalmente en sus manos una caja hermética de la que debo tratar de escapar.
Y escapa de esta caja dibujando, cortando y puliendo sus formas para darle vida. Para aceptar el rol de la maquina, confiere después a la caja un carácter natural a través de si mismo. Permitiendo en este proceso que el diseño evolucione intuitivamente entre e intelecto y lo natural. Las formas esculturales de Thompson se guían por su propia intuición y se ordenan por un sistema taxonómico que imagina, en el que una serie de formas especificas, (o especies según las denomina) sugieren vagamente la abstracción de la naturaleza desde el micro al macrocosmos. La física de fractales ha sido su fuente de inspiración, asi como las plantas tectónicas terráqueas y los paisajes glacialmente rocosos de su nueva Inglaterra natal. Sus Alteresd Flats, por ejemplo, tienen un toque topográfico que el autor ha querido comprar a la superficie ondulante de un lago. Las series Round, Dish y Cut-Thru se parecen a versiones positivas y negativas de cantos rodados caídos o a piedras de un rio. Las conchas, con forma de nenúfar, son una especie mas nueva cuyos bordes cóncavos y convexos parecen controlar sus superficies fluidas como si estuvieran en juego el fenómeno de un menisco. Casi todas las especies, (pero especialmente Loops, con forma de cinta transportadora y pintadas por la parte vista y por la oculta) oscilan entre la categoría de escultura y pintura, sin que por ello lleguen sus formas a comprometerse con ninguna de las dos.
A pesar de que el trabajo parece fluir sin fisuras como si hubiera sido digitalizado, no por ello ha sido procesado desde un modelo de ordenador o de un proceso de vaciado. “el dibujo termina las formas, el resto es reacción”, afirma Thompson. Es un proceso físicamente agotador y que lleva tiempo, pero su fruto es, la sensación de incertidumbre al descubrir nuevas formas y conceptos frescos. A través de un control limitado de este sistema de clasificación, halla (como lo hiciera Darwin) una infinita variación en el detalle. La geometría de cada pieza varia con la perspectiva plana. Los bordes y lados pueden ser afilados, redondos, con ángulos, con facetas, contrastando con el color de la superficie, perfil y/o contorno para crear una tensión sostenida a su alrededor. Esos bordes precisos de las conchas juegan formalmente con sus superficies onduladas, relucientes; el encuentro abrupto del blanco mate con bordes sobresalientes altera el trance visual . de la colisión de opuestos surge la belleza, afirma el artista, que apostilla: soy descaradamente un campeón de la belleza, no de lo bonito, sino de una belleza convincente y enigmática.
Formas seductoras llevan a colores seductores. Una vez nacidas, la forma encuentra una voz que exige incluso un matiz específico. Thompson nunca repite un color ; cada objeto terminado es único tanto en forma como en matiz. Una pared del estudio está cubierta por una rejilla de distintos colores, que se han pintado y mezclado a mano con pintura para automóviles. Sus acabados profundos, lustrosos son, de nuevo, el, resultado de un proceso largo, arduo y tedioso. Con una pistola de spray, aplica entre quince y veinte manos de pintura de imprimación con color y en cada capa alterna lijado, pulido y brillo hasta que no queda el menor rastro de imperfección.
El color reluce y la forma cambia a medida que la luz juega ligeramente sobre superficies que parecen moverse. Una pieza puede parecer de color rojo vino, púrpura oscuro o violeta metálico, dependiendo de su situación estratégica. Las cualidades asociativas del color, así como sus colores intrínsecos, son intrigantes para el autor. Thompson produce con frecuencia agrupamientos de unos cinco elementos, con piezas individuales de escala similar que se percibe como una constelación de colores. En toda su obra abundan las referencias: reflejos en las curvas de un coche lujoso, relucientes gamas preciosas, charcos de mercurio de colores lúdicos, decadentes, incluso tóxicos, pero irresistibles; podrían ser hasta comestibles. El escalofrío entre la seducción y la singularidad, de una forma vagamente natural pero erigida entre la seducción y la singularidad, de una forma vagamente natural pero erigida en ostentosa artificialidad, llega al espectador como versiones lujosas de objetos surreales que deslumbran a la vista, intrigan al intelecto y se sienten visceralmente.