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Galería de arte, Valencia (España)


Duende y fulgor

JESÚS MARTÍNEZ CLARÁ

El artista norteamericano Bill  Thompson presenta su primera exposición en Barcelona y la ha nombrado con el título de una de sus pinto-esculturas de pared: Duende. Esta obra de color morado tiene un resplandor extraordinario, igual que las otras diez, parece buscar una luz primordial,. Todas ellas son monocromáticas, de colores vivos como Split, Stinger o Pageant. Son unos volúmenes de mediana dimensión que están pintados con uretano acrílico sobre bloque de poliuretano,  lo que les da una luz brillante, intensa e industrial que contrasta con otras nueve obras de acrílico sobre papel, opacas, resistentes a la luz y que crean el contraste de la nocturnidad.

La pintura norteamericana ha sido pionera en la experimentación pictórica, nunca ha dejado de investigar con nuevos materiales y nuevos formatos. Recientemente he podido comprobar como Steve Silver en Brooklyn- que ha pintado sobre poliespan durante treinta años-ahora, investiga con pintura interference colors sobre mdf que cambia con la luz tal como sucede con la carrocería de algunos coches; el resultad es un brillo extraordinario similar a la laca industrial que aplica Gloria Got, Wilhelm Mundt o el escultor Gabriel; en todos ellos sus obras alcanzan una potente luminosidad cercana al esplendor solar o a la luz del origen.

Las obras de Bill Thompson son aparentemente amables e incluso decorativas, pero él les otorga un valor añadido cuando establece una relación entre el hecho físico, concreto, de la luz, la forma y el color brillante de estos cuerpos luminosos creados para la visión y los relaciona con un ente visible: el duende.

 

Misterioso e inefable

Del duende se dice que habita en algunas apersonas como algo misterioso e inefable, pero aquí se atribuye este don al color y a la forma del objeto y así, de modo plenamente fenomenológico, un color anaranjado crea una tensión que no deja indiferente a nadie. La relación entre luz, brillo y potencias invisibles ha dado pie a lo largo de la historia a establecer un amplio repertorio místico de ocultos significados de lo divino: “y vieron una clara luz”. El universo simbólico se nutre de las diferencias entre los imperios de la luz y los de las tinieblas, o a caso, ¿no es ese el sentido de lo taurino o de la transformación de un pedrusco en un costosísimo brillante?

El vínculo extremo entre luz y duende se encuentra en la película: El resplandor, dirigida por Stanley Kubrick, basada en la novela de Stephen King, ahí se explica muy bien esta relación cuando vemos  o leemos que algunos de sus protagonistas poseen un don que les permite detectar espíritus, ver el pasado y el futuro y que ese poder visivo se asocia ala luz, una especie de clarividencia que llamaban el resplandor. Las obras de Bill Thompson convierten la actitud distante y crítica del que mira en un fogonazo y de esta manera sus obras se manifiestan como algo más que pura forma o color cristalino: el esplendor, tal como sucede en tradiciones antiguas, deviene símbolo profundo de la manifestación del conocimiento.