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Galería de arte, Valencia (España)


La cultura da salud y felicidad


Que la cultura da libertad es un tópico muy extendido pero no probado científicamente. En cambio, un grupo de investigadores noruegos encabezado por Koenraad Cuypers ha demostrado que pintar, tocar un instrumento, escribir, acudir a conciertos o al teatro, visitar museos o cantar hace que los seres humanos sean más felices y se sientan más sanos. Cuypers y su equipo publican las conclusiones de su estudio, realizado a partir de una muestra de casi 51.000 personas, en el último número de ‘Journal of Epidemiology and Community Helth’.
El estudio ha distinguido entre lo que podría denominarse actividades culturales creativas -aquellas en las que la persona es protagonista de las mismas porque escribe, pinta, canta…- y las pasivas, como visitas a museos, lectura o asistencia a funciones de teatro y conciertos. El resultado es relativamente parecido aunque hay algunas diferencias. Por ejemplo, la percepción de una mejor salud y una mayor satisfacción con la propia vida se da más entre los varones que consumen cultura que entre quienes la crean.
En el caso de las mujeres, la relación parece ser la contraria: es la creatividad lo que genera una vida más saludable y una mayor sensación de bienestar vital. En ambos casos, varones y mujeres, consumidores y creadores, presentan resultados que son mejores que los de quienes viven ajenos a estas inquietudes. Es, además, un factor con impacto cuantitativo además de cualitativo: no se trata solo de estar vinculado a las artes y los espectáculos. A mayor intensidad en esa relación, mejor salud y una felicidad más notoria.
De todos modos, como los autores de la investigación recuerdan, es difícil establecer una relación directa entre salud y bienestar por una parte y cultura por la otra. ¿La razón? Que quienes la crean y consumen son en general personas de mayor formación y renta. Y son ellos quienes cuidan más su salud y por tanto quienes viven mejor.
Ahora bien, dado que las depresiones y la ansiedad, por poner solo dos males estudiados por Cuypers y su equipo, son lacras de las sociedades modernas, no sería descabellado proponer el uso de actividades culturales dentro de los programas de prevención de enfermedades, cada vez más comunes en todos los países, al menos en los occidentales. Aunque no se puede garantizar por completo una relación causa-efecto entre salud y cultura, aclaran los autores, podría estar justificado tomar medidas en ese sentido.
Imaginen la escena: «Doctor, sufro de ansiedad. ¿Debo tomar ‘prozac’ o hay algún medicamento mejor?» Y el facultativo, sin inmutarse y rodeado de novelas, reproducciones de cuadros famosos y discos de grandes títulos de ópera: «Déjese de pastillas. Vaya dos veces al mes a un concierto, lea diez libros al año, cante al salir de la ducha, siga un curso de acuarela y no deje de visitar el museo de su ciudad». Otra cosa es que, tal y como están de exhaustas las arcas públicas, la Seguridad Social pueda financiar siquiera una parte de ese gasto.
CÉSAR COCA