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Galería de arte, Valencia (España)


Una vida entre el arte y las maletas

Mi cita es en el ático de la calle Pascual y Genís en el que se ubica la galería de arte de Ana Serratosa. En el trayecto que dura el viaje en ascensor pienso en el encanto que tienen los locales que no están a pie de calle. Al llegar al último piso todavía hay que subir un pequeño tramo de escaleras, la puerta se abre y Ana, que transmite una paz especial, me da paso a ese espacio diáfano y luminoso que centra la mayor parte de su vida profesional, «aquí es donde paso más tiempo y donde desarrollo mi actividad principal, está en el centro pero a la vez está en un ático, lo que lo hace un espacio muy tranquilo. Cualquiera puede llamar al timbre y venir a ver las obras que hay expuestas. El enfrentarse al arte contemporáneo y poder comprenderlo requiere ir con la mente abierta y dedicarle un poco de tiempo. Y aquí se puede hacer», me explica. Mientras me muestra las obras del valenciano Fernando Almela repartidas por el espacio me cuenta que proviene de una empresa familiar y reparte su tiempo entre su trabajo en la galería y la labor como consejera en el family office que dirige su hermano Pablo, «me parece interesante estar ahí sobretodo porque en un futuro me gustaría que mis hijos se involucraran». Me muestra orgullosa una foto en la que aparece Lucía, de 27, que es médico y está haciendo oftalmología, Álvaro, de 23, que ha estudiado derecho y ADE y ahora vive en Madrid y María, de 20, que también se ha marchado fuera para estudiar, «este es el primer año que ninguno de mis tres hijos está en casa, te vas haciendo poco a poco a la idea, el tiempo pasa muy rápido. Para mi la familia es muy importante, me encanta pasar el tiempo con mis hijos y mi pareja, disfrutar del fin de semana y sobretodo viajar». Cuando dice esto su mirada se ilumina un momento y en su rostro se dibuja una sonrisa. Le pido que me diga alguno de los destinos que más le han gustado y sin dudarlo me dice que Bali, «me pareció que era un país fascinante, sobretodo la gente de allí, siempre contentos y con un gusto y una delicadeza increíbles. Iba de vacaciones y al final descubrí casualmente unos artistas que me entusiasmaron. Aunque intentes dejar el arte a un lado a veces es difícil». También disfrutó mucho en México, en concreto en la zona de Los Cabos, «es el desierto puro, tiene la playa, parece que aún está por descubrir. Me encanta Nueva York, Londres y Brujas, me parece una ciudad muy bonita y tranquila, perfecta para recórrela en bicicleta. Este año estuve con mis hijos en la Bienal de Venecia, les encantó, para mi fue un viaje muy especial». ¿Y de donde te viene el amor por el arte?, me intereso, «a mi abuelo le gustaba el arte, compraba y coleccionaba. A mi me empezó a gustar, me picó el gusanillo, estudié Geografía e Historia con la especialidad de Arte y cuando acabé tenía dos opciones, o bien meterme en la parte de investigación como historiadora o bien dedicarme al arte contemporáneo. Por aquel entonces no había muchos museos, el IVAM acababa de inaugurar, el Reina Sofía estaba a punto». Luego se casó y se fue a vivir a Espluga de Francolí, un pueblo de solo 3000 habitantes de Tarragona, «allí tenían un centro cultural y me pidieron que fuera a dar una charla y organizar alguna exposición. Cuando empecé me di cuenta de que lo que más me gustaba era estar en contacto con los artistas, al volver a Valencia monté una galería con mi marido y con dos amigos», recuerda. Durante los cinco años que estuvo abierta la Galería Bretón exhibieron obra de artistas jóvenes y artistas más consagrados y lograron que la gente tuviera interés por el arte, «en ese momento era un espacio muy novedoso, entre los cuatro teníamos un amplio círculo de amistades que logramos que se interesaran por el arte contemporáneo, algo muy ajeno a ellos por aquel entonces». En el 2000 abre el espacio en el que nos encontramos ahora después de un tiempo de reflexión. En esta segunda etapa la prioridad ha sido acercar el arte, hacerlo comprensible y accesible: presentaciones de artistas por críticos, charlas, cursos, visitas a ferias y así de esta forma el cliente se involucra y a la vez va creando su criterio. ¿La gente invierte en arte?, le lanzo, «la gente invierte en obra que le gusta y quiere saber si eso en el futuro va a aumentar su valor. Aquí en España hay poca cultura de invertir en arte, prefieren hacerlo en otras cosas como por ejemplo inmuebles, en la Bolsa. Valencia está muy animada, la gente está receptiva y con ganas de hacer cosas».

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Primer y segundo mercado

«La historia del arte tiene que continuar, no podemos pararnos en los artistas ya consagrados, hay que ir sacando a la luz nuevos valores. Eso es lo que se llama primer mercado, las galerías que trabajan para posicionar jóvenes valores dándolos a conocer para que lleguen a ser reconocidos. El segundo mercado, es el mundo de las subastas donde los coleccionistas acuden a pujar por obra de artistas más o menos consagrados y que en ocasiones se alcanzan cifras impensables. Esto es otro mundo que va paralelo y que es interesante conocer por que es parte del fascinante y complejo universo del arte.

Elena Melendez _ Las Provincias